De la primera veterinaria de España, María Josefa Cerrato (Arroyo de San Serván (Badajoz) 1897-Calamonte (Badajoz), 31 de abril de 1981), la tradición dice que llegó al oficio por amor a su familia. Su abuelo y su padre habían ejercido la profesión y gestionaban un herradero local. Las leyes de la época obligaban a que el negocio estuviese tutelado por un veterinario, así que cuando el padre decidió retirarse la tienda de herrado –en la que trabajaba el hermano de María Josefa y que aportaba jugosos recursos a sus parientes– se vio condenado al cierre. Para evitarlo, su progenitor decidió aprovechar el talento de María Josefa para el estudio y le animó a matricularse en Veterinaria. No fue sencillo. El acceso a la carrera estaba vetado a las mujeres, por lo que la pacense tuvo que hacerse con un permiso especial del Ministerio de Instrucción Pública en el que se incluían, entre otras credenciales, un certificado médico que avalaba sus aptitudes físicas.

En 1924 abonó su matrícula de acceso a la Escuela Especial de Veterinaria de Córdoba como alumna libre, no oficial. Poco después, en junio del 25, se licenciaba con 28 años. En febrero de 1926 se inscribió en el Colegio Oficial de Calamonte, convirtiéndose en la primera veterinaria titulada de España y una de las pioneras de Europa. Como recuerda María Castaño Rosado en su completo trabajo La Mujer Veterinaria –la lección inaugural del Curso Académico 2009/2010 en la UCM–, las primeras veterinarias, las rusas Krusewka y Doborwilskaia, se licenciaron en 1889 en Zurich (Suiza). En Reino Unido Aleen Cust tuvo que recurrir a un nombre falso para ser admitida en la New Veterinary College de Edimburgo, donde se graduó dos décadas y media antes que Cerrato: en 1900. Buena idea de los perjuicios enquistados en la sociedad de inicios del siglo XX es que, a pesar de los méritos de la británica –recuerda Castaño Rosado– “oficialmente no existió hasta 1922”. “El asesor legal del Royal College of Veterinary Surgeons (RCVS) decidió que sólo ‘las personas’ podían colegiarse y ‘¡Realmente una mujer no encajaba en aquel concepto!’”, señala la profesora Castaño Rosado en su ensayo.

Prueba de la enorme capacidad de Cerrato es que obtuvo también los títulos de Magisterio, Música y Farmacia. Los tres primeros años de esta última titulación los cursó en Granada y los restantes en la facultad de Santiago. En Calamonte ejerció como Inspectora Municipal Veterinaria, tarea que compaginaba con sus funciones de maestra y farmacéutica. A pesar de que María Josefa cursó la carrera de forma no oficial, por lo que solo se presentaba en la Escuela Especial para realizar sus exámenes, logró un expediente notable, con varias materias superadas con Matrículas de Honor y Sobresaliente.

Allí, en Calamonte, un municipio que suma hoy en día poco más de 6.200 vecinos y en el que desarrolló su carrera, María Josefa Cerrato presta su nombre desde 1975 a una céntrica calle que da al ayuntamiento y enlaza, por cierto, con otra que bautiza el Doctor Marañón. No fue el único homenaje que recibió la pionera. Tras su jubilación, en 1967, el Colegio Provincial de Veterinarios de Badajoz le otorgó la Medalla de Oro de la Profesión. En 1978 recibió otro homenaje en Mérida de la Asociación de Veterinarios Titulares y un año después, en el 79, era designada presidenta de Honor por la Asociación de Esposas de Veterinarios. Falleció poco después, en abril de 1981, en Badajoz.

En su artículo, Castaño Rosado recuerda que la pacense estuvo también interesada en la organización interna del gremio. En el verano de 1929 presidió una comida en Santiago a la que asistieron cerca de medio centenar de colegas durante la que pronunció un discurso apoyando la Unión Profesional y a Félix Gordón Ordaz, creador de la por entonces disuelta Asociación Nacional Veterinaria Española (ANVE).

El otro nombre destacado es el de Justina González Morilla (Matanza de los Oteros (León), 1903-Santander, 1997), (imagen de cabecera) la primera mujer de España en pisar una facultad de Veterinaria y salir de ella con el título bajo el brazo. Al igual que María Josefa, Justina llevaba el oficio en las venas: su abuelo y su padre ya lo habían desempeñado. “Fui la primera mujer que empecé a estudiar la carrera de Veterinaria, cuando a todas las estudiantes les producía asombro y rareza que una mujer estudiara esta carrera, sin duda porque creerían que no había en ella campo adecuado para su desempeño”, explicaba con orgullo en un artículo publicado en marzo de 1935 por “Semana Veterinaria”. Tras finalizar el Bachillerato en León se matriculó en las facultades de Veterinaria de esa misma localidad y de Medicina, en Valladolid. La primera la prepara en calidad de alumna libre, la segunda, como oficial. La titulación que la habilita para el cuidado de los animales la logró con apenas 25 años, a comienzos de 1928. Poco después finalizaba su carrera de Medicina.

Otro paralelismo entre González Morilla y Cerrato –además de sus orígenes, capacidad de estudio y trabajo y espíritu pionero– es su brillante expediente académico, en el que figuran casi media decena de sobresalientes y cerca de una decena de notables. Con los dos títulos bajo el brazo, se muda a Madrid para especializarse en Odontología y Pediatría en la Facultad de Medicina de San Carlos durante 1929 y 1930. Un año después, en el 31, inicia su dilatada carrera como odontóloga en la localidad leonesa de Don Juan, aunque desempeñó el oficio en otros municipios, como Mansilla de Mulas.

 Fuente: https://mujeresconciencia.com/2017/09/21/las-pioneras-conquistaron-veterinaria/